La vida en las ciudades más tranquilas

Vivimos en una sociedad en que las presiones son diarias y por todos los lados: ya sea en el trabajo o en las relaciones personales. No sentirse obligado a cumplir con todas las exigencias es casi imposible, y cuando menos lo esperamos aparecen problemas como el estrés, crisis de pánico, ansiedad, fobias y depresión. “A lo largo del tiempo, las personas acumulan funciones, sin darse cuenta de que iban más allá de sus límites, sobre todo en las grandes ciudades”, explica la psicóloga Yane Camocardi.

Para los jubilados, la opción de vivir, tanto en ciudades más tranquilas como en el campo, puede ayudar en el bienestar. A los que prefieren la calma, seguro que en estos sitios tendrán una mejor calidad de vida, ya que no necesariamente tendrán que desligarse del entorno productivo. Además del bienestar físico, dejar atrás la agitación del día a día, la polución y el estrés es importante para el bienestar psicológico, ya que sitios más tranquilos traen calma y calidez. “En muchos pueblos, la gente puede hacer las reuniones entre amigos en las puertas de las casas o en pequeñas plazas, algo muy poco probable que suceda en las grandes ciudades”, revela la profesional.

Quién opta por vivir en ciudades más tranquilas, sin embargo, no puede dejar de ejercitar la mente. Las actividades productivas como el cultivo de jardines, huertos y prestación de servicios son una buena manera de mantenerse en el campo y, también, una manera de mantenerse activo y tener una excelente calidad de vida. “El ejercicio físico combinado con otras actividades de la vida campesina, como la alimentación, el descanso, el ocio, componen un estilo de vida saludable y de calidad”, explica Yane.

Vida más ligera-liviana
Mercedes Gonçalves, jubilada de 67 años, eligió vivir en el interior de São Paulo, para escapar de la agitada vida. Ella, que trabajó durante muchos años como enfermera, se sintió bienvenida en la ciudad de sus padres. “Yo nací en el campo, pero pronto estaba haciendo mi vida en la metrópoli. He trabajado mucho y crié a mis hijos en el bullicio de la gran ciudad, pero siempre quise volver a la tranquilidad de las ciudades más pequeñas”, dice.

Cuando se jubiló hace dos años, Mercedes decidió mudarse con su marido y comenzar una nueva vida. Sus hijos, ya casados, apoyaron a sus padres, porque piensan que la vida en el campo es más tranquila y entrega mayor calidad de vida. “Incluso he mejorado mi salud, porque sufría de colesterol alto y era sedentaria. Ahora, cómo me propuse a caminar, me siento mucho mejor y más joven que cuando vivía en la gran ciudad. La mejor opción que hice después de la jubilación fue vivir en el campo. Yo soy mucho más feliz y tengo una perspectiva mayor de vida “, concluye Mercedes.

Crédito
Psicóloga Yane Camocardi
www.ycamocardi.blogspot.com.br